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Nuestra obra de caridad - Internado psiquiátrico para niños minusválidos



Internado psiquiátrico para niños minusválidos No. 3 de Minsk es una institución médica-social, destinada para residencia permanente de niños minusválidos que padecen trastornos psíquicos crónicos y necesitan atención asistencial y residencial. 

¿Para qué vienen aquí las hermanas de la caridad? Ellas aspiran a que los habitantes del internado se acerquen a Dios y tomen parte en la vida de la Iglesia.
Puede parecer que los pacientes con enfermedades psíquicas son incapaces de entender la esencia  de los oficios religiosos y los Sacramentos de la Iglesia. Pero no es cierto. El alma de cada persona tiene una necesidad vital de alimento espiritual, a pesar de los morbos que padece el cuerpo. 

La aparición de la iglesia en honor de santa Xenia de San Petersburgo la Bienaventurada no fue casual. La hermana mayor de la Hermandad Zinaída Lóbosova se acuerda de aquellos acontecimientos: “En el internado vive la gente que, en mayoría de los casos, no pueden salir fuera del territorio. Muchos de ellos crecieron en el internado infantil y luego fueron trasladados aquí. 


Y cuando empezamos a visitar el hospital y, más tarde, los internados, cuando para muchos pacientes se presentó la posibilidad de comulgar, desde luego, nos dieron muchas ganas de que tomasen parte en la Liturgia. Por eso surgió el idea de fundar una iglesia dentro de los muros del internado y la elegieron a santa Xenia de San Petersburgo como protectora.


El arcipreste Andrey Lemeshónok: Los habitantes del internado cantan en la iglesia las oraciones que aprendieron con las hermanas, una vez a la semana se oficia el Acatisto a santa Xenia  – ¿donde más puede uno ver algo así? En el internado se siente mucho la gracia de Dios, ella cubre este lugar, tan lúgubre a primera vista. Son muy sorprendentes los ojos de los pacientes al recibir la Santa Comunión – tienen allí algo ardiente y extraterrestre. Al verlo uno puede sentir la proximidad de Dios. También en el internado existe una escuela dominical.

Los que viven en el internado son muy sensibles al estado anímico de las otras personas y muy compasivos. Tienen un mundo distinto. En su mundo se están con facilidad, porque allí no hay engaño ni falsedad que son atributos de nuestro mundo. Sí, claro que hay groserías, palabrotas, diversas peculiaridades de la conducta de cada residente. No se puede idealizar su vida. Pero tienen algo que les hace capaces de hablar con Dios y entender profundamente los problemas íntimos de otras personas. En su mundo reina la sinceridad y la sencillez, allí existe otra dimensión, otra Tierra, uno se siente de una manera distinta, porque allí todos son auténticos, son tal como son”.




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