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Eligiendo a mi santo patrón, historia personal.


Cuando eliges un santo patrón, llevas su nombre. Los cambios de nombre son una parte significativa en la historia Bíblica. Abram se cambia a Abraham. Sarai a Sara. Jacob es cambiado a Israel. El apóstol Simón a Pedro. Los primeros cristianos tomaban nombres de mártires. El hombre que asesinó al Apóstol San Mateo, cuando se convirtió al Cristianismo, tomó el nombre de Mateo. Cuando los ortodoxos son bautizados cuando son niños o adultos, toman el nombre de un santo. Cuando un cristiano ortodoxo se convierte en monje, se le da un nuevo nombre. Después de esta vida, se nos dice que se nos concederá un nuevo nombre (Apocalipsis 2:17).

Esto lo hacemos para honrar a los santos, para recordar sus sacrificios y ejemplos. Así podemos unirnos a la ancestralidad de la fe por medio de sus personalidades. Además de entrar en una parroquia y ver los iconos de los santos que recubren las paredes, siendo una representación física de “la gran nube de testigos”, elegimos un santo de entre todos  para estar más cerca de ellos. Rezamos con ellos así como podríamos rezar con los que todavía se encuentran en este lado de la eternidad. Como Pablo instruyó a los fieles a seguir su ejemplo, también nosotros intentamos seguir el ejemplo de aquellos que fueron fieles siervos de Dios y que ya han forjado un camino.
Junto con el santo patrón también llega el día del nombre. El día del nombre es el día en el cual se honra al santo cuyo nombre portamos. Yo celebraré mi día del nombre el día de San Nicolás, el 6 de diciembre, y Laura celebrará el día de su nombre el día de Santa Batilde, el 30 de enero. El día del nombre se considera mucho más importante que el día del cumpleños ya que representa el bautismo. Si es posible debemos atender el servicio en la iglesia, celebrarlo de diversas maneras en casa, reflexionar sobre los ejemplos que los santos nos dejaron y tratar de hacer lo mismo.

Existen varios modos por los que una persona toma el nombre de un santo. Para los conversos es común tomar el nombre de un santo cuyo nombre ya comparten. Una persona llamada Andrés elegirá a San Andrés. Otro llamado Jacobo elegirá a San Jacobo. También es común elegir un santo que no tiene nada que ver con tu nombre. Algunas veces el santo será honrado por el segundo nombre del bautizado. Yo tengo algunos amigos que han dejado de llamarse con el nombre de nacimiento y yo los he conocido solamente por su nombre bautismal. En las Iglesias Serbias, existe un santo patrón para toda la familia en vez de uno distinto para cada miembro.


Yo elegí San Nicolás porque me encanta la navidad y su asociación con la época hace la Navidad mucho más rica.  También, por sus trabajos caritativos, por su amor a los más necesitados, y por su preocupación por los que son tratados injustamente. Pero sobre todo, quería ganar sabiduría para saber cuando ser gentil respecto a mi religión, y en el ejemplo con Arrio, saber cuando ser inquebrantable.

Se me llamará con mi nombre de bautismo siempre que reciba la Eucaristía, “El siervo de Dios Nicolás recibe el preciosísimo y santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo para la remisión de los pecados y la vida eterna”, y cuando muera: “Ya que Tú eres la resurrección, la vida y el descanso de Tu siervo Nicolás, que se ha dormido, Oh Cristo nuestro Dios…”




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